En ese instante, todos supimos que jamás volveríamos a vernos. Mi novio giró sobre los talones hasta que su espalda se recortó sobre la ventana. Su madre se miraba la manicura francesa mientras su padre buscaba una inexistente mota de polvo en los zapatos charolados. Mi madre gimoteaba bajito y mi padre parecía a punto de estallar, pero yo lo impedí.
─Vámonos, aquí ya no nos une nada ─mentí.
Salí con las manos tranquilizadoras sobre el run run de mi regazo. Aquel sería el primer gesto maternal consciente que recuerdo.
Autor: Víctor González Izquierdo
Flo6x8, flamencos activistas
Hace 1 día


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